¿Qué significa ser CEFAMUS?

¿Qué significa ser CEFAMUS?

Por: Dr. Marco A. Saucedo Hernández
Catedrático de Pregrado en la Facultad de Medicina U.S.
Presidente CEFAMUS (2008-2009), Vicepresidente IFMSA (2009-2010)



Dedicado a todos los estudiantes que alguna vez soñaron con cambiar el mundo desde la medicina.

Algunas decisiones cambian el rumbo de la vida sin que uno lo advierta en ese momento. Recuerdo que, siendo estudiante de medicina escuché por primera vez el nombre CEFAMUS. Apenas iniciaba la carrera y me daba cuenta de todas las posibilidades. Quería pertenecer. Y el recuerdo de aquella época me hace pensar en cómo las pequeñas decisiones tiempo atrás cambian drásticamente la dirección que toma nuestra vida. Pudiera haber decidido no participar. Pudiera haber dado prioridad a algo más. Pero la realidad es que la curiosidad inicial me llevaron a donde estoy hoy, y me convirtieron en lo que soy.
 
La invitación llego de manos de una amiga que cursaba la carrera algunos años por delante de mí, y ella y algunos otros estudiantes lo  mencionaron como un comité estudiantil que organizaba campañas, intercambios y proyectos. Estaba en puerta la necesidad de organizar una asamblea nacional y yo y mis amigos no entendíamos bien de que se trataba esto. Se llego a mencionar intercambios, y la posibilidad de viajes a otros países. No imaginaba que ese nombre, tan sencillo, marcaría una de las etapas más formativas y humanas de mi vida. Con el paso del tiempo entendí que ser CEFAMUS no era un cargo ni una pertenencia, sino un modo de ver el mundo: una forma de vivir la medicina desde la empatía, la curiosidad y el compromiso social. Quiero compartir lo que significa ser parte de ese legado —una historia que no solo me transformó como médico, sino como persona.

Ser parte de CEFAMUS trasciende la experiencia estudiantil: es un proceso de crecimiento personal, humano y profesional. A través de los años, esta organización —nacida del espíritu internacional de la IFMSA— ha sido una escuela paralela a las aulas de medicina. Desde las campañas locales hasta los foros mundiales, desde los primeros pasos en la organización estudiantil hasta los escenarios globales, cada experiencia en CEFAMUS me enseñó que la medicina no se trata solo de curar cuerpos, sino de transformar conciencias. En estas breves líneas mientras evoco recuerdo, se plasman las memorias y su impacto en el saberme parte de CEFAMUS, su historia como parte del movimiento internacional estudiantil, y el valor de redescubrir la humanidad en la práctica médica.

La International Federation of Medical Students’ Associations (IFMSA) fue fundada en 1951 en Copenhague, Dinamarca, por un grupo de estudiantes de medicina que soñaban con un futuro más solidario y colaborativo. Nació en un mundo que acababa de sobrevivir a la guerra y necesitaba reconstruir no solo sus instituciones, sino también su humanidad. Su objetivo fue claro desde el principio: unir a los estudiantes de medicina del mundo para promover la cooperación, el entendimiento cultural y la salud global. Con el tiempo, IFMSA se convirtió en una de las organizaciones estudiantiles más grandes del planeta, hoy presente en más de 120 países, actuando como una voz global para los futuros médicos ante organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las Naciones Unidas. Su lema, “Think Global, Act Local”, sintetiza una filosofía que cambió mi manera de entender la medicina. Porque, en efecto, los grandes cambios comienzan en lo pequeño: en una escuela, en una comunidad, en una conversación entre estudiantes que deciden pasar de la teoría a la acción.
 
Décadas después de la fundación de IFMSA, México se sumó al movimiento global. En nuestro país, la federación se conoció como IFMSA-México, y más recientemente adoptó el nombre de AMMEF (Asociación Mexicana de Médicos en Formación). AMMEF agrupa a comités locales de facultades de medicina de todo el país y actúa bajo los mismos principios: cooperación, salud pública, educación médica y derechos humanos. Con los años, IFMSA-México consolidó un modelo de liderazgo estudiantil que ha inspirado a miles de jóvenes a salir de las aulas y mirar el entorno con una nueva perspectiva: la del servicio. Desde su origen, esta organización ha promovido proyectos sobre temas tan diversos como salud mental, nutrición, enfermedades crónicas, salud sexual y reproductiva, medio ambiente y derechos humanos. Pero más allá de los temas, lo esencial ha sido el espíritu: la certeza de que cada estudiante, desde su propio entorno, puede generar un cambio real.
 
Dentro de este gran mapa global y nacional, CEFAMUS —el Comité Estudiantil de la Facultad de Medicina Unidad Saltillo— representa la manifestación local de ese ideal. CEFAMUS nació con la intención de formar estudiantes más conscientes, más empáticos y más comprometidos con la comunidad. No era solo una agrupación de alumnos que organizaban eventos; era un espacio donde las ideas se convertían en acción, y donde cada campaña dejaba huellas tanto en la sociedad como en los propios estudiantes. Cuando ingresé a CEFAMUS, lo hice con curiosidad; cuando salí, lo hice con propósito. En ese comité aprendí que la medicina, más allá de su rigor científico, es una disciplina profundamente humana. Allí encontré compañeros que se convirtieron en amigos, mentores que se volvieron ejemplo, y experiencias que moldearon la forma en que entiendo la vocación médica.
 
Comencé como oficial local de salud pública, y fue en ese rol donde descubrí mi pasión por los Días Mundiales de la Salud. Me fascinaba la idea de que una fecha pudiera unir al mundo entero en torno a un tema común. El 14 de noviembre, Día Mundial de la Diabetes, fue una de las primeras campañas que coordiné. Recuerdo los carteles, las pláticas improvisadas, los folletos que repartíamos con entusiasmo y la respuesta cálida de la gente. Ahí comprendí que la educación puede ser una herramienta tan poderosa como el bisturí o el estetoscopio. Más tarde tuve el honor de servir como presidente de CEFAMUS. Ese cargo me enseñó lo que significa liderar desde la empatía. Aprendí a escuchar, a delegar, a inspirar y, sobre todo, a confiar. Descubrí que el liderazgo no se mide por la autoridad, sino por la capacidad de acompañar y servir. Después llegaría la oportunidad de representar a México como vicepresidente de asuntos externos de IFMSA-México.

Mi paso por CEFAMUS me abrió las puertas del mundo: me permitió participar en siete asambleas nacionales y cuatro internacionales, en lugares tan diversos como Veracruz, Mérida, Ciudad de México, Chihuahua, Toluca y Zacatecas, y más allá de nuestras fronteras, en Inglaterra, Túnez y Jamaica. Cada viaje fue una lección distinta. En Canterbury, durante una asamblea internacional, entendí el poder del intercambio cultural: cómo una conversación entre dos estudiantes de distintos continentes puede convertirse en un proyecto común. Asi mismo en esta mi  primer asamblea internacional fui parte del equipo que represento a México ante el mundo y ahí participe activamente en las negociaciones del numero de plazas de intercambio que IFMSA-México tendría con algunos países europeos. En Túnez, descubrí la fuerza de la medicina en contextos adversos, donde el compromiso social supera los recursos materiales. En Jamaica, encontré el calor humano y la alegría que se transforma en motivación colectiva. También tuve la oportunidad de ayudar a organizar una asamblea nacional en Saltillo, así como la March Meeting 2008 en Monterrey, que fue uno de los eventos más grandes y memorables de esa época. Organizar una asamblea de esa magnitud fue una experiencia exigente, pero también profundamente gratificante. Ver a cientos de jóvenes médicos de todo el país reunidos para compartir ideas y sueños fue una de las imágenes más inspiradoras de mi etapa universitaria.

Si tuviera que resumir en una sola palabra lo que aprendí en CEFAMUS, diría conciencia. Conciencia de las desigualdades en salud, de las brechas educativas, del poder de la juventud organizada y de la necesidad de humanizar la medicina. Cada campaña era una oportunidad para aprender y enseñar. En el aula, aprendíamos fisiología y farmacología; pero en las calles, aprendíamos empatía y comunicación. En las asambleas, discutíamos políticas y estrategias, pero también compartíamos historias, risas y momentos que nos recordaban que la medicina no es solo ciencia: es humanidad en movimiento. Las campañas de prevención, los intercambios internacionales y los talleres fueron mucho más que actividades extracurriculares: fueron las herramientas con las que muchos de nosotros descubrimos nuestra verdadera vocación. En ese ambiente, me enamoré de la salud pública, de la docencia y del potencial que tiene la medicina cuando se practica con empatía. Comprendí que ser médico no se limita a curar, sino a comprender y acompañar. Y que, muchas veces, lo más importante no es la respuesta médica, sino la presencia humana.
 

No se puede hablar de CEFAMUS sin hablar de las amistades. Porque en medio de las asambleas, los proyectos y los viajes, se formaban lazos que iban más allá de la universidad. Personas de diferentes generaciones, ciudades y países se convirtieron en una familia extendida. Esa red de amigos y colegas es hoy una de las mayores fortalezas del movimiento: una comunidad global de médicos que siguen creyendo que se puede cambiar el mundo desde la vocación y la colaboración. Recuerdo las noches en vela preparando materiales, los bailes culturales en las clausuras, las risas interminables y también los momentos difíciles que enfrentamos juntos. Cada historia compartida, cada obstáculo superado, fue una lección de resiliencia y esperanza. Ser parte de CEFAMUS me enseñó que el trabajo en equipo no solo multiplica resultados, sino también sueños. Y que en el encuentro con los demás, uno se encuentra a sí mismo.
 
A lo largo de los años, he visto cómo CEFAMUS ha seguido creciendo. Generación tras generación, el espíritu se mantiene: estudiantes comprometidos con su comunidad, dispuestos a actuar, a innovar y a servir. Muchos de los miembros que pasaron por sus filas hoy son médicos, docentes, investigadores y líderes en distintas áreas de la salud. Pero todos conservan algo en común: la conciencia social y el sentido de propósito que aprendieron en CEFAMUS. Esa es la verdadera herencia del movimiento. No son los cargos, los reconocimientos ni las fotos de las asambleas. Es la huella invisible que deja en cada persona: una forma distinta de mirar la medicina y de vivirla con integridad, empatía y compromiso.
Conclusión

Han pasado los años, pero el espíritu de CEFAMUS sigue vivo en cada uno de nosotros. En cada campaña que organiza un nuevo estudiante, en cada intercambio que despierta vocaciones, en cada idea que se convierte en acción. Y cada vez que miro atrás, veo cómo ese movimiento marcó mi camino. CEFAMUS fue, y sigue siendo, un espacio donde los ideales globales se traducen en acciones locales. Donde los estudiantes aprenden que el liderazgo se ejerce sirviendo, y que la medicina empieza en el corazón antes que en el laboratorio. Aprendí que Think Global, Act Local no es solo un lema, sino una forma de vida. Porque actuar localmente, con conciencia y empatía, es también transformar el mundo.
 

“Ser CEFAMUS es redescubrir la esencia humana de la medicina y sembrar conciencia en cada médico en formación que elige sanar con propósito.”

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